jueves, septiembre 05, 2013

Rebeca Linares en acción (Video)

Rebeca Linares en acción

Rebeca Linares es una pornostar destangada morocha hermosa y elegante.
En este video porno hardcore la vemos en plena acción, teniendo sexo anal, vestida muy elegantemente de dama, pero debajo de ese vestido, se esconde una puta excitada con muchas ganas de hacerse follar por el culo!
Rebeca tiene un ano pequeño y hermoso, que dan ganas de follarla por el culo, aunque su chocho pelado también dan ganas de cogerla por la concha; por suerte este hombre no se priva de nada y la coge por todas las vías y maneras posibles!
Excelentes mamadas con rusa y paja incluídas y tremendas folladas a esta hermosa mujer en nuestro blog destangadas!
Sexo anal y vaginal, sexo oral, sexo, sexo y más sexo en este video porno de media hora de duración con Rebeca Linares cogida por todos los agujeros!



Video Porno : Rebeca Linares en acción



Relato erótico del marido de Rebeca Linares 
Yo quería ver con detenimiento pero no podía desatenderme de la carretera y sí, algo vi de lo que ya me imaginaba y continué tratando de provocar más su ego diciéndole --- ¿sabes de qué te falta un poco?…. ¿piernas? ---me respondió ella, más como pregunta---… no, tetas… le respondí… ¿para qué querés más?, con lo que tengo te podés dar gusto… me dijo con tono retador… no sé, tendría que ver, no solo se trata de tamaño sino que de forma… le dije pera seguir provocándola… ¿y cómo te gustan a vos pues?... bueno, no me gustan taaan grandes ni muy pequeñas pero sí me gusta que tengan una aureola pequeña y no tan oscura… le reté nuevamente sin apartar la vista de la carretera… así como las mías me respondió abriéndose un poco la blusa que ya llevaba desabotonada hasta el pecho pero si apartar su sostén, me desatendí de la carretera unos segundos para ver lo que me estaba mostrando y valió la pena, en lo holgado de su sostén y quizás por la forma en que iba sentada le alcancé a ver hasta el pezón de su teta derecha que estaba justo como a mí me gustan: aureola pequeña y a juzgar por lo parados que se veía su pezón estaba excitada, al parecer no les daba mucho el sol porque no tenía marcas del sostén ni de la blusa. La plática ya me traía excitado y con eso comenzó a provocarme una mayor erección. Ella reclinó bastante su asiento, se quitó los zapatos y poniendo sus dos manos bajo su cabeza se acomodó a sus anchas en el asiento del pasajero a la vez que hizo que la falda, un tanto corta, se le subiera hasta media pierna, que yo no podía dejar de vérselas y rogaba que alguna ráfaga de viento a algún movimiento se la subiera un poco más y le vería hasta de qué color era la tanga o el calzón que llevaba puesto aunque siendo realista no había forma de que aquello sucediera. Ella notó mi insistencia y se burló diciéndome…. Niño, se te van a salir los ojos, mejor mirá por donde vas… y se rió de su misma ocurrencia y yo para no quedarme callado le respondí… vos tenés la culpa, si no tuvieras buen culo no me interesaría verte lo demás y nos reímos los dos. Si otro automovilista me hubiera visto habría pensado que estaba loco porque en la posición en que Karla viajaba no había forma de verla por la ventanilla ni por el parabrisas y entonces ella terminó de sorprenderme cuando me preguntó ¿y qué te gustaría verme?... todo, le respondí sin pensarlo mucho… ah no papito, aquí en el carro no te voy a poder mostrar mucho pero mirá… me dijo subiéndose la falda hasta donde se le juntaban las piernas y vi como en una tanguita blanca se le marcaba todo incluyendo un triangulo oscuro en la parte de arriba como también puede ver completamente sus bonitas piernas de piel blanca cuando un autobús nos sobrepasó y ella rápidamente bajó su falda de nuevo. Definitivamente estaba jugando conmigo y yo no podía evitarlo. Al parecer se había acomodado de esa manera ya con su idea de mostrarme su intimidad porque una vez me dejó verla volvió a subir el respaldo de su asiento y se sentó normalmente diciéndome "mirá lo que me provocas hacer, todo me han de haber visto la gente del bus", yo no te pedí que lo hicieras --- repondí---. Yo sentía un cosquilleo en el estómago y algo de nervios, ¿qué pretendía Karla?, una mujer de unos veintiséis años, con un marido que la satisfaciera en sus deseos sexuales y sin ningún otro compromiso. La veía de reojo y le noté una gran sonrisa, como de victoria ¿o quizás como de burla?, el caso es que a todo ese espectáculo le siguió un silencio tenso hasta que estuvimos a unos metros de un “mirador” en una parte alta desde donde se veía el pueblo al que nos dirigíamos y ella me dijo… pará, pará, pará, me gusta ver desde ese mirador, bajémonos un ratito. Me estacioné a un lado de la carretera y le di el gusto. El lugar estaba solo ya que era un día laboral y no había turistas. La acompañé y me senté en una banca de madera sobre una plataforma de cemento y ella emocionada me nombraba algunos lugares del pueblo al tiempo que me los señalaba con el dedo, ahí, parada a la par de la banca donde yo estaba, no podía dejar de pensar en la tanga blanca que Karla traía bajo su falda y aprovechando que estaba a mi lado y yo ya no tenía las manos ocupadas en el volante le toqué la pantorrilla y ella se hizo la desatendida y fue como que me diera su permiso para continuar, subí entre sus piernas por debajo de su falda y ella solo dijo… ¡vaya niño, estese quieto!... pero abrió un poco sus piernas y dejó de señalar los lugares del pueblo para dedicarse mejor a ver a su alrededor que no viniera alguien. Ya con sus piernas abiertas yo pude tocar entre sus piernas, por encima de su tanga y la tenía muy mojada. ¡Ella también se había excitado con la plática! Y me puso a pensar en la forma de cogérmela, con lo excitada que estaba a lo mejor no sería tan difícil, solo había que calentarla un poco más, así es que comencé a hacer círculos alrededor de su clítoris por encima de su tanga y a jugar con mis dedos en aquel triángulo de vellos genitales justo arriba de donde terminaba su abertura y noté que por unos instantes cerró los ojos para luego abrirlos y decirme… mejor vámonos porque nos puede ver alguien y bajó presurosa hasta donde estaba el vehículo entrando en él, yo me subí tranquilamente y encendí el motor emprendiendo nuevamente nuestro viaje, ella miraba por la ventanilla pensando quién sabe en qué y yo aproveché para oler mis dedos, con los que hacía unos momentos le había tocado su “rayita”, ya no tenían ese olor a “encierro” sino más bien tenían un olor como a talco y eso disparó mis instintos.

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