sábado, febrero 02, 2019

Colegiala enamorada y caliente se masturba (Video Porno)

colegiala masturbandose

Una hermosa colegiala se masturba frente a la webcam porque está muy enamorada de un desconocido, guarra y cachonda y tiene el coño muy mojado y necesita tocarse para darse placer vaginal.
2 minutos a pura paja con esta hermosa colegiala con el uniforme de la prepa, tocándose en el sofá luego de salir de clases de la secu, a escondidas de sus padres, cuando su papá y su mamá no están en casa.

Colegiala enamorada y caliente se masturba (Video Porno)

Video Porno : Colegiala enamorada y caliente se masturba


Relato erótico : Colegiala enamorada y caliente se masturba

El sol ese día era diferente, brillaba con intensidad sin embargo, no quemaba; mi nombre es Jazmín, un nombre dónde la ironía prevalece, al vestir usualmente de blanco. Terminé mis estudios y me gradué recientemente como enfermera, me defino como una mujer retraída, ya que a pesar de cuanto lleguen a alabarme me es difícil creerlo completamente. Suelo andar sola, no existe nadie más en mi vida a pesar de tener una bella familia, es una especie de maldición que me sobrepone. No le importo a nadie ... hasta ahora.
Me encuentro como tantas veces "sola" en la banqueta, esperando que el semáforo cambie para continuar caminando sobre el pavimento, sin embargo, entre los huecos de la banqueta un brillo llamó mi atención, contrastaba contra el amarillo de la guarnición y el gris del cemento.
- ¡Una moneda! - grité sin quererlo y aún apenada por la gente que me rodeaba tapé mi boca, ya que una mujer de tez morena rechoncha torcía su horrible trompa mientras exclamaba
- ¡Tanto argüende por un centavo! -
Sin hacerle caso cuál niña que encontró un tesoro lo lleve frente a mis ojos, era blanca pulida sin rastros de polvo ni suciedades. De un lado tenía la imagen de un Jaguar recostado y del otro tan solo una palabra inscrita ¡DESPIERTA!, un poco enigmática a mi parecer.
La guardé, apuré el paso y tome el primer colectivo que encontré, había tenido suerte me dejaba ese en la puerta de mi casa, mientras veía las hileras de butacas llenas un chico joven me ofreció su sitio casi al final del bus, se lo agradezco con una sonrisa (esperen un minuto, sonreí, eso no es normal en mi cara de pocos amigos); me senté y el chico quedó frente a mí, era guapo pero sin ser galancillo de ojos cafés un tanto claros cubiertas por unos lindos lentes de armazón metálica, su mirada era angelical, y sus chinos caían y se movían cual medusa, lo más llamativo era su hoyuelo en la mejilla. Vestía de colegio con un suéter rojo amarrado al cuello y unos pantalones caqui con bolsas en las piernas, - ¡Me gusta! - pero que rayos pienso.
Me le quedé mirando un momento hasta que descubrí el motivo de tan peculiar sonrisa, mi blusa con el ajetreo perdió un botón superior y el canalillo de mis pechos apuntaban a sus deseos. Me sentí nerviosa pero no incomoda, hasta me descubrí gozando un poco, y aunque con un poco de bochorno, sin embargo, pensé:
-Creo que tan gentil caballero merece un gozo, además míralo me lo comería a besos-
De repente sentí mi mano invadida por un intruso, ya que yo la recargaba en el asiento delantero, miré y el muy pícaro colegial puso su mano sobre la mía, era algo tierno y lo delataban sus mejillas, pero conservaba su posición incluso un poco temblorosa. Me dio ternura así que abrí un poco mis dedos y los suyos inmediatamente se entrelazaron. Se veía cada vez más eufórico, lo delataba la temperatura de su rostro, las chispas de sus ojos, sus pupilas dilatas y ... su amiguito que desde hace rato se desesperezaba.
-Lo siento, me agarré del asiento por el tumulto- lo dijo "sin querer, queriendo", yo solo sonreí (nuevamente).
-No te preocupes yo hubiese hecho lo mismo- y le guiñe un ojo. Así que con el permiso otorgado ya no sólo se conformó con ello, sino también hozo con repegarse un poco hacia mí, de esa forma accidentalmente tropezaba con su amiguito y a su vez cada se acercaba más. Sin embargo, lo saque de sus ensoñaciones al detenerse el autobús y bajar yo rápidamente, me tomo del brazo.
-Te acompaño- Me dijo con ansiedad.
-En está ocasión no, pero ya habrá oportunidad si la fortuna cae de tu lado.
-Mi nombre es David-
-Tal vez continúes con suerte y te de mi nombre la próxima vez- Me baje rápidamente aún algo apenada, pero feliz, ¿Por qué nos cuesta tanto aceptar que algo, aunque no sea totalmente correcto, no signifique que pueda hacernos merecedoras de una sonrisa?, ¿A qué edad debemos de dejar hacer travesuras?, ¿Es peor ver a un chico con deseo o pasar toda una noche viendo la forma de conciliar el sueño?
Recuerdo cuando aún era una niña y caminaba tomada de la mano de mi madre, una mujer de aún bonito cuerpo, aunque maltratado por los años, los embarazos y cuidarnos, a mí y a mi hermana, tendría no más de 13 años y ya despertaba en mi ese deseo primitivo de la naturaleza.
-¡Jazmín saluda!, esta niña siempre anda no sólo viendo las nubes algunas veces quisiese vivir como ella, alejada de cualquier problema- recitaba mi madre con palabras pesadas y una mirada que traslucía tristeza, sin embargo en ese momento un brillo recorría su aura, y no era para menos ante mí se encontraba ni más y menos y que Antonio el hijo menor del peluquero, el cual desde hace al menos 2 meses se había integrado a la plantilla de su padre, un chico de 19 años que ya cargaba tremendo bigote en su porte, una camisa blanca y corbata, incluyendo la clásica bata de los que ejercen ese oficio. A mi madre le gustaba.

-Pero que hermosa niña- Me saludaba tan guapo joven.

- ¡No soy una niña!
-Disculpa quise decir que bella jovencita-
-Déjela joven Antonio, anda molesta porque no le compre algo que me pidió-
- ¿Y que sera? -
-Un corpiño- Dijo mi madre suavemente

El fuego en mi rostro inundo todo el parque de la pena, mis ojos no echaban chispas, era fuego contra mi madre, me evidencio, a lo cual sólo lo único que acerté a hacer fue salir corriendo y justo cuando trataba de cruzar la calle sin observar que un camión se acercaba peligrosamente el joven Antonio me alcanzo, me tomo de la muñeca, me jalo y me abrazo a su pecho, mientras yo lloraba como Magdalena.

¡Niña, solo das problemas!, gritaba mi madre iracunda.

- ¡Déjela, no la regañe, nunca más!, tenga, acepte este dinero y cómprele 3 juegos de corpiños a esta princesa, que acabo de darme cuenta que realmente los necesita-.

Esa tarde me enamoré

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